Teoría del Convidamiento

Introducción

Quien piense que esta obra es un compendio sobre protocolo y refinamiento le adelanto que no podría estar más equivocado. Pero tampoco quiero ahuyentarle de esta lectura, puesto que, en cierto modo y sólo en parte, se trata de una filosofía análoga, o mejor dicho de una forma de ver la vida. No hablo de alienación, hipocresía, falsedad y sometimiento, que me quiero referir a la humanidad, a la convivencia, a esas formas, que no reglas, que surgen de la relación entre personas y en última instancia a la AMISTAD.

Puede que os haya adelantado mucho con el párrafo anterior y puede que os haya enredado en una madeja sin hilos; a los primeros, decirles que no vayan tan deprisa; a los segundos, os animo a desenredar este embrollo.

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Antecedentes

Ya a la corta edad de 10 años Suli marcaba aptitudes. Como cualquier niño de su edad tenía curiosidad por probar "las cosas de los mayores" todo aquello que había tenido vedado desde siempre y que las personas adultas impunemente disponían con grato placer. Pero esta vez tenía que conseguirlo, lo había olido durante la comida y no era desagradable, era un aroma dulce y a la vez amargo, y un tanto picoso, que parecía decir "hoy es el día, hoy me probarás y conocerás mi secreto, ese que siempre te han ocultado para el deleite de los demás".

Con esta determinación esperó pacientemente el levantamiento de la mesa, sin mostrar el más mínimo interés por el vino del país contenido en esa botella de coca cola que tenía ahí mismo, casi al alcance de la mano. Parecía una comida interminable. Suli se repeló su plato de arroz con conejo rápidamente, como para animar a los demás a apurar sus platos. Pero claro, debía tener cuidado de no inducir a sospechas y no estaba dispuesto a cometer ningún error, así que seguía esperando como si la cosa no fuese con él.

Una mirada de Rojo. - “¿Sabrá que estoy pensando en el vino?” – Pensó, y su corazón se aceleró – “No, esa mirada sólo es de burla hacia Poncheta, no es de curiosidad o sospecha. Es de complicidad, uff”.

El momento se acercaba, Rojo y Guisopo habían terminado y a Poncheta le quedaba sólo un trozo de carne. La hermana mayor, Angelosa, ya había empezado a recoger algunos platos. Desde ese instante todos los sentidos de Suli estuvieron aún más despiertos: el primer objetivo era averiguar dónde se guardaría el preciado líquido. Sabía que el destino estaba en la cocina, pero ignoraba la taquilla o el cajón, lo había buscado el día anterior y no tuvo suerte, así que esta vez elaboraría un plan.

Ya se llevaron unos platos vacíos, el pan, el agua y su madre cogió el vino y unos vasos. - ¡Rápido, tengo que pensar algo! - se dijo. En un instante, que pareció dilatarse, encontró una respuesta: resolvió que ir a la cocina a beber agua no levantaría sospechas y conseguiría saber el escondite.

En la cocina descubrió por fin el escondite y, como Amá se entretuvo con los vasos, se bebió dos vasos de agua esperando asegurarse que no cambiaban de lugar el vino tan deseado y se reprimió a sí mismo por no haber encontrado antes su objetivo, puesto que esa taquilla estaba a su alcance y creía haberla examinado anteriormente.

Suli no lo tenía aún todo resuelto, ahora faltaba la culminación de su plan. Esta parte también la había pensado: la hora de la siesta era el momento ideal para el asalto a la taquilla del vino.

Llegó el momento, entró en la cocina y abrió la taquilla. Cuando ya parecía que nada se interpondría en su objetivo el tapón de la botella de plástico se resistía a ceder con fuerza superior a la que podía ejercer la pequeña mano de Suli. Apretón tras otro su mano comenzaba a flaquear – “¿Ahora qué? ¡No puedo abandonar!“ – Entonces recordó una técnica que vio usar en la romería de las Santas consistente en hacer un pequeño orificio en el tapón con la punta de una navaja.

Pero en el cajón de los cubiertos no había navajas ni cuchillos con punta, todo parecía ir en su contra. Además, si conseguía romper el tapón quedarían pruebas evidentes de la fechoría y no se harían demasiadas investigaciones hasta dar con el autor.

Mientras esos pensamientos le rondaban la cabeza divisó un sacacorchos en la otra punta del poyo y todas sus dudas y temores desaparecieron de inmediato. Decidió correr el riesgo y dejar a un lado las consecuencias, porque visto todos los inconvenientes acontecidos no volvería a estar tan cerca de la deseada cata.

Con suma facilidad, la aguda punta del sacacorchos penetro en el tapón de plástico y se escuchó el paso del aire por el fino agujero, síntoma inequívoco de que ya no había marcha atrás. Así que sólo restaba la culminación del plan, retiró el sacacorchos y se empinó la botella.

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Definiciones

Creo que os podéis imaginar cómo terminó la historia del pequeño Suli. Aunque, a decir verdad, tampoco le fue tan mal la cosa… bueno, con eso seguiremos más adelante.

Ahora seguro que estáis un poco confusos entre la historia de Suli y la introducción, ¿o me equivoco? Por si acaso (hay algo claro), y puesto que nos remitiremos en adelante a estos términos, os propongo una pequeña reflexión sobre estos conceptos:

teoría (gr. theoría ;<- theoreo, examinar):

1 Síntesis comprensiva de los conocimientos que una ciencia ha obtenido en el estudio de un determinado orden de hechos: teoría de los colores; principios generales de un arte: teoría de la música.
2 Conjunto de razonamientos ideados para explicar provisionalmente un determinado orden de fenómenos: teoría atómica; teoría del conocimiento, epistemología.
3 Procesión religiosa en la antigua Grecia.

teorema (gr. theórema):

1 Proposición que afirma una verdad demostrable.
2 Enunciado de una propiedad o proposición seguida de su demostración.
3 Resultado de un estudio matemático.

convidar (l. v. convitare ;<- l. invitare;ts conviviu):

1 Rogar una persona [a otra] que la acompañe a comer, a una fiesta, etc.
2 Ofrecerse voluntariamente para alguna cosa.
3 Asistir a una fiesta o acto inopinadamente.
4 Convidar a uno con una cosa, ofrecérsela. invitar, dar una comida, dar de comer, hacer plato. Invitar se estima en general como más elegante que convidar. El uso de convidar va limitándose cada vez más a comer o beber; e invitar se emplea en general. Se convida a tomar café, a cenar. Se invita a asistir a una reunión, a un paseo; pero también se invita a comer o beber.
5 mover, incitar, ofrecer.


¡Cágate lorito!, ¿a qué viene esto ahora? Pues ni más ni menos que para delimitar un poco el espacio por el que se mueve el título de este escrito “Teoría del Convidamiento”, y digo el título que no el contenido.

¿Teoría? Sí, puesto que intento explicar un determinado orden de fenómenos o encadenamiento de hechos (hechos o fenómenos que veremos más adelante y que ya han empezado con la historia de Suli).

¿Teorema? No. Más quisiera yo tener una explicación matemática para la vida, para la toma de decisiones de los hombres (y mujeres, ¿se entiende, o no?, no sea que me lluevan palos) en una ecuación, en la que despejo una incógnita y me dice por ejemplo si tengo a Pepita a tiro, o si Juan se tomará mal que su novia vaya de fiesta con su amigo mientras él está de vacaciones en el Caribe. Para estas cosas no existe una demostración matemática, pero sí hay ciertas reglas, pautas o signos que nos pueden dar pistas o nos conducen a la respuesta correcta (simplemente a un comportamiento adecuado).

¿Convidamiento? Bueno, aquí me he permitido construir una palabra inexistente, puesto que el concepto al que me refiero no se expresa con una palabra en nuestra lengua, ni en ninguna (creo). Más arriba he indicado el significado de convidar, pero no es ese concepto al que me refiero cuando hablo de convidamiento, sino a convidarse, a convidar uno a sí mismo, en todos sus aspectos, y de la forma en que lo hace con los demás, más otro significado añadido: convidarse, en la jerga de mis amigos es vomitar. ¿Curioso? Sí, pero es así. ¿Asqueroso? Como todo en la vida, las cosas se ven según el color del cristal con que se miren. Tampoco le demos tanta importancia a ese significado, lo usamos más bien como algo simpático, como una coletilla que nos une y nos pone de buen humor y nunca (o casi nunca) pasa (¿Qué tal, te convidaste anoche?).

O sea, cuando hablo de convidamiento, no sólo me limito a la manera de convidarse (entiéndase convidar uno a sí mismo y vomitar) sino también a las relaciones establecidas con los demás en ese momento.

Continuará...

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